El Mundial, ese mágico evento donde se unen amigos, familias y hasta extraños para gritar gol, es mucho más que fútbol. Recordamos el '78, un torneo que brilló como un diamante, pero que también escondió sombras profundas. Mientras los jugadores deslumbraban en la cancha, afuera había realidades aterradoras. Como si de un juego macabro se tratara, en Argentina se desataba una dictadura cruel que dejaba cicatrices imborrables.
Orlando Parra, aquel niño que vio su primer mundial en la pantalla de un televisor en blanco y negro, nos recuerda que el fútbol, aunque tiene el poder de unir y emocionar, también es un espejo de la sociedad. Hoy, mientras peloteamos sobre quién ganará el Mundial 2026, es momento de no olvidar la historia. Cada grito en el estadio viene acompañado de un deber: aprender del pasado para construir un futuro mejor.
Así que cuando llenen su quiniela, piensen no solo en quién levantará la copa, sino en el contexto que rodeará esos partidos. Cada equipo tiene su historia; cada selección es un crisol de vivencias que van más allá del balón. En la próxima copa, hagamos un esfuerzo por ser más que simples apostadores: seamos también conscientes de que el futbol es pasión, pero también es memoria.
Fuente de referencia: eldiario